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Tratado Internacional - Marquesina
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A fondo: Salvaguardar la biodiversidad, distribuir beneficios, alimentar a la población mundial

photo CIP. Peru

   En el mundo actual, la presión recae sobre el mejoramiento de la producción agrícola fomentando los cultivos alimentarios que pueden adaptarse a los cambios del medio ambiente y satisfacer las crecientes demandas de alimentos de una población en constante aumento. El Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura, un acuerdo internacional con el objetivo general de apoyar la seguridad alimentaria mundial, permite que los gobiernos, los agricultores, los institutos de investigación y las agroindustrias trabajen en colaboración reuniendo sus recursos genéticos y distribuyendo los beneficios provenientes de su utilización. Así se protegen y mejoran nuestros cultivos alimentarios a la vez que conceden reconocimiento y beneficios justos a los agricultores locales que han dedicado sus esfuerzos a estos cultivos durante milenios.

Photo CIP. Peru

    Con este Tratado, los cultivos que producen nuestros alimentos, nuestros panes, nuestros currrys, nuestras tortillas, nuestro cuscús se colocan en un fondo común. El Tratado facilita el acceso a estos cultivos, haciéndolos disponibles de forma gratuita para los investigadores que acuerden compartir futuros beneficios comerciales proveniente de su utilización para el fitomejoramiento o la biotecnología. Este reconocimiento y esta distribución de beneficios están pensados para garantizar la equidad e incentivar a los agricultores a continuar la conservación.

   Tradicionalmente, a medida que las plantas evolucacionaron de manera natural en sus campos, los agricultores realizaban selecciones estacionales de las semillas para guardar y plantarlas al año siguiente, basándose en lo que daba mejor resultado en sus medios locales. A principios del siglo XIX, los avances científicos crearon la capacidad de cruzar especies de manera más previsible. Hoy en día, la biotecnología moderna ha dado un paso adelante proporcionando a los fitomejoradores la posibilidad de utilizar para el cruce genes útiles provenientes no sólo de otras variedades sino también de otras especies. Esto significa que cada variedad de cultivo posee un uso potencial que se extiende más allá del campo del agricultor local.

   Incluso los alimentos que han formado parte de una cultura durante cientos de Años a menudo son nativos de una región de la otra parte del mundo. Esta dispersión mundial demuestra la generosidad con la cual los agricultores y las comunidades agrícolas que han compartido o comerciado siempre semillas y germoplasmas con sus vecinos. Las poblaciones, al trasladarse en búsqueda de nuevas tierras, llevaban sus semillas como parte de su diáspora. Como consecuencia, en la actualidad vivimos en un mundo en el que ningún país puede considerarse autosuficiente en el sentido de poder sobrevivir únicamente con los cultivos autóctonos que hay dentro de sus fronteras. El Tratado facilita el intercambio libre y continuado de cultivos alimentarios y de sus germoplasmas.

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